Hace frío, llueve y no saco el paraguas porque sé que tiene que ser así. Es el maldito noviembre. Y da igual lo que hagamos. Llegamos tarde.
Las habitaciones intentan ser azules pero son grises y ese color se apodera de mi forzado optimismo, es esa sensación de inevitablilidad la que contamina mi fuerza. Puedo distinguir perfectamente la línea del horizonte entre el asfalto madrileño y un cielo que se nos cae encima. Lo observo desde la ventana de tu nueva habitación, sin duda éste no es lugar para nadie ¿Por qué tiene que serlo para nosotros?
La verdad espera en una llamada, pero yo todavía no lo sé, y por eso utilizo esos "hasta mañana".
There's nothing I can say,
Nothing I can do now.
Good night, travel well.
martes, 22 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
Los girasoles ciegos
Estoy pensando en Los girasoles ciegos. Y a la vez, en los girasoles ciegos, que esperan desorientados alcanzar algún rayo que les deje con vida, pero sobre todo, en lo que los desorienta: en ese sol que alumbra la escena y cuyo calor puede ser un enemigo tanto si se acerca como si se aleja. En su forma de deslumbrarlos, de cegarnos, de cegarse a sí mismo.
Maldito sea su deseo, su egoísmo, y su irresponsabilidad. Intenta deshojarnos. Pretende que nos giremos hasta quedar torcidos de por vida. Como ese cura y su insaciable acoso; ese indeseable deseo, esa seducción que sólo ve el que la busca y que es inevitable para quien no quiso despertarla. Un abuso que valiéndose de esa facultad cejadora se ejerce desde el púlpito, desde el poder. Y yo no alcanzo a comprender si se realiza conscientemente, pero entiendo que es culpable: porque seca a los girasoles estén o no ciegos.
Maldito sea su deseo, su egoísmo, y su irresponsabilidad. Intenta deshojarnos. Pretende que nos giremos hasta quedar torcidos de por vida. Como ese cura y su insaciable acoso; ese indeseable deseo, esa seducción que sólo ve el que la busca y que es inevitable para quien no quiso despertarla. Un abuso que valiéndose de esa facultad cejadora se ejerce desde el púlpito, desde el poder. Y yo no alcanzo a comprender si se realiza conscientemente, pero entiendo que es culpable: porque seca a los girasoles estén o no ciegos.
martes, 27 de septiembre de 2011
La cartera del sombrero de paja
Se acerca a mi buzón: es la cartera del sombrero de paja; la que hace mi ruta y que raras veces me trae otra cosa que extractos bancarios y promociones del Ikea. Al verla no puedo evitar pensar en su trabajo, y sobre todo, en su mundo interior. Todas esas casas con buzón, esos pasos, esas horas... las pasa consigo misma. ¿Será la persona que mejor se conozca del mundo? ¿Tendrá resueltos todos sus problemas e interrogantes? Desde luego, tiempo para pensar en soledad no le falta.
Puede que sea el ser humano mejor informado de este planeta, si es que escucha la radio mientras realiza su trabajo. O quizás se atreva con uno de esos cursos de idiomas a distancia y la suya sea una pronunciación digna de Essex, Londres.
¿Le parecerá monótono su trabajo? En ese caso, lo mismo se marca retos deportivos, véase los 100 metros/cartas. Y tampoco sería extraño imaginar que tiene sus propias #observacionesdeunacartera. Que pone nombre y forma al contenido de los sobres que entrega. E historia a los destinatarios de los paquetes. Como hago yo con ella. Oh... ¿Qué pensará de mi?
Puede que sea el ser humano mejor informado de este planeta, si es que escucha la radio mientras realiza su trabajo. O quizás se atreva con uno de esos cursos de idiomas a distancia y la suya sea una pronunciación digna de Essex, Londres.
¿Le parecerá monótono su trabajo? En ese caso, lo mismo se marca retos deportivos, véase los 100 metros/cartas. Y tampoco sería extraño imaginar que tiene sus propias #observacionesdeunacartera. Que pone nombre y forma al contenido de los sobres que entrega. E historia a los destinatarios de los paquetes. Como hago yo con ella. Oh... ¿Qué pensará de mi?
miércoles, 21 de septiembre de 2011
martes, 30 de agosto de 2011
With or...
Tuvimos infinitas canciones que eternamente estarán relacionadas con nosotros, con nuestra forma de cantarlas, de bailarlas, de escucharlas... Ahora suena de fondo una: una, la primera. La única que pudo captar mi atención aquella noche en que todo lo acapararon tus labios.
With Or Without You... Su letra no tenía sentido para lo nuestro por aquel entonces, pero sus acordes acompañaban cada choque, latido y caricia que desarrollábamos. Nos gustaba, nos bailaba, nos quería...
La letra no entraba en nuestros oídos: esa noche, tú y yo conseguimos que sus palabras expresaran otra cosa. Al menos eso nos pareció. Pero el ritmo era el mismo; el que nos esperaba. En realidad, estoy segura de que cuando nos pusieron la canción Bono no cambió ni un ápice de la letra. ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Por nosotros?
With Or Without You... Su letra no tenía sentido para lo nuestro por aquel entonces, pero sus acordes acompañaban cada choque, latido y caricia que desarrollábamos. Nos gustaba, nos bailaba, nos quería...
La letra no entraba en nuestros oídos: esa noche, tú y yo conseguimos que sus palabras expresaran otra cosa. Al menos eso nos pareció. Pero el ritmo era el mismo; el que nos esperaba. En realidad, estoy segura de que cuando nos pusieron la canción Bono no cambió ni un ápice de la letra. ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Por nosotros?
miércoles, 13 de julio de 2011
Ni por mucho...
Ni por mucho que me esfuerce vas a dejar de tocar mi puerta una sola noche. Ni por caras que sonrían, oídos regalados, o calores que conquistar, va a haber manera de que tu idea se desvanezca. Ni por mucho daño que me hagas, hayas hecho o harás, vas a dejar de parecerme mi destino. Ni por muchas mañanas que anuncien un nuevo futuro... Siempre caerá el sol, saldrá la luna y la noche me recordará, una vez más, lo que el día me esconde.
miércoles, 6 de julio de 2011
Última parada
En una estación. Cae la tarde. Un chico intenta llegar a un vagón de tren. La marea de gente a contracorriente le bloquean el paso, le frenan, le reducen, tambalean, retrasan... Pero él jadea, suda la camisa color "azul soso" y sigue hacia adelante. Todavía queda una esperanza a la que aferrarse, una última llamada que suena por la megafonía y retransmite su propia voz. Si el tren se la lleva, con él se irá la felicidad.
Y allí está ella, la felicidad encarnada por una niña de carne y hueso. Pequeña, con el peinado tímido, pero donaires de confianza, de mujer. Juraría que le ha visto, pero es imposible. Se la escapa la risa tonta.
De repente, la megafonía cambia de voz. Él grita fuerte para que ella se detenga en sus intenciones de entrar al vagón. La chica se pone sus gafas de sol, parece que le mira, lo hace... "Sin embargo", coge esa maleta vacía que quiere llenar de mañanas y se adentra en el tren de su vida.
Y ahí se queda él, en las vías, mirando de un lado a otro. Reviviendo el déjà vu. Intentando explicarse si lo que pasó realmente sucedió; si dejó escapar el tren que juró que no volvería a perder nunca más. Y maldiciendo a la alarma del reloj que no funcionó a su debida hora, a los billetes que no compró para sentarse a su lado, al coche que al final no fue tan veloz como esperaba... Como necesitaba.
Y allí está ella, la felicidad encarnada por una niña de carne y hueso. Pequeña, con el peinado tímido, pero donaires de confianza, de mujer. Juraría que le ha visto, pero es imposible. Se la escapa la risa tonta.
De repente, la megafonía cambia de voz. Él grita fuerte para que ella se detenga en sus intenciones de entrar al vagón. La chica se pone sus gafas de sol, parece que le mira, lo hace... "Sin embargo", coge esa maleta vacía que quiere llenar de mañanas y se adentra en el tren de su vida.
Y ahí se queda él, en las vías, mirando de un lado a otro. Reviviendo el déjà vu. Intentando explicarse si lo que pasó realmente sucedió; si dejó escapar el tren que juró que no volvería a perder nunca más. Y maldiciendo a la alarma del reloj que no funcionó a su debida hora, a los billetes que no compró para sentarse a su lado, al coche que al final no fue tan veloz como esperaba... Como necesitaba.
martes, 21 de junio de 2011
La decepción
Es vomitivo sentir decepción por las acciones de alguien o de alguno. Es un sentimiento que irrumpe fuerte por ser muy ocasional, porque es cierto que para decepcionar hay que importar mucho. Implica dejarse engañar.
La decepción es un sentimiento recurrente, mal compañero de blogs y peor de las madrugadas. Es ese "prometo" que se perdió, como sus antecesores, en el momento de su nacimiento y que mascullamos en nuestra rutina por no poder tragarlo.
En la noche pesa demasiado el rencor, más que el alivo de saberme libre de una vida en tu carrusel de desprecios y caprichos... Y sobre todo, pesa una verdad absoluta: lo mucho que jode haber conocido la decepción. A la decepción. A ti.
La decepción es un sentimiento recurrente, mal compañero de blogs y peor de las madrugadas. Es ese "prometo" que se perdió, como sus antecesores, en el momento de su nacimiento y que mascullamos en nuestra rutina por no poder tragarlo.
En la noche pesa demasiado el rencor, más que el alivo de saberme libre de una vida en tu carrusel de desprecios y caprichos... Y sobre todo, pesa una verdad absoluta: lo mucho que jode haber conocido la decepción. A la decepción. A ti.
lunes, 23 de mayo de 2011
La chica debajo de la manta
Dos secuencias que comienzan igual: con ella en una cama, abriendo los ojos tras unas pocas horas de sueño, mirando alrededor, cerciorándote de que lo de anoche fue tal y como lo recuerda.
Son dos secuencias con dos finales distintos, pues una es el comienzo de todo y la otra es en sí un final; un final que empieza con una chica aficionada a taparse con una manta de pies a cabeza, soñando con el retorno, esperando que el peso de la manta se convierta en un abrazo, o quizás con la ilusoria confianza de que la manta sea invisible... y con ella, ella.
Son dos secuencias con dos finales distintos, pues una es el comienzo de todo y la otra es en sí un final; un final que empieza con una chica aficionada a taparse con una manta de pies a cabeza, soñando con el retorno, esperando que el peso de la manta se convierta en un abrazo, o quizás con la ilusoria confianza de que la manta sea invisible... y con ella, ella.
lunes, 16 de mayo de 2011
Puntos rítmicos
El mundo tiene su ritmo... Diría que es arrítmico, como yo: "¡purururrumpumpán! ¡pum! ¡pumpumpán! ¡pum!"
Cuando vas pillando el movimiento que lo sigue cambia, y otra vez a empezar de cero, "¡pum! ¡purrum!"
¿Dónde estaba hace un año? Hace un año, mes arriba, mes abajo, estaba en un punto de partida. Sin embargo, pensaba que era de salida.
¿Quién sabe? Lo mismo lo es éste.
Perdón: ÉSTE
.
Cuando vas pillando el movimiento que lo sigue cambia, y otra vez a empezar de cero, "¡pum! ¡purrum!"
¿Dónde estaba hace un año? Hace un año, mes arriba, mes abajo, estaba en un punto de partida. Sin embargo, pensaba que era de salida.
¿Quién sabe? Lo mismo lo es éste.
Perdón: ÉSTE
.
jueves, 7 de abril de 2011
Things come undone
Algunas veces nos empeñamos en estropearlo todo. Es una actitud que le viene de serie al ser humano, y tiene algo de inconsciente. Es la prisa, el vértigo o la quietud. Tiene empeño... Tal vez nombre, lo desconozco, pero está ahí. AHÍ. Es superior a nosotros, a nuestro raciocinio. Lo dejamos pasar. Se queda. Pero lo movemos, porque es un extraño en nuestro cuerpo y nos sube la fiebre. Entonces, en ese ejercicio de orden, se nos colocan las vértebras. ¡Chas!
miércoles, 16 de febrero de 2011
Evolución del pensamiento maridoacordeonista
1.Tenemos una especie, los hombres acordeón: Adelgazan al romper sus relaciones. Luego vuelven a comprometerse y engordan una vez más. ¿De felicidad? (Puede que de bollos, pero creo que el motivo da igual)
2. Segunda especie (o especímen), los maridos : No han soltado una relación y ya están enganchando otra. (Entiéndase "marido" como un conjunto que engloba "marido" y "marida")
3. No he visto muchas mujeres acordeón, puede que una (o ninguna, como en el chiste). Pero sí muchas maridas. Muchísimas.
2. Segunda especie (o especímen), los maridos : No han soltado una relación y ya están enganchando otra. (Entiéndase "marido" como un conjunto que engloba "marido" y "marida")
3. No he visto muchas mujeres acordeón, puede que una (o ninguna, como en el chiste). Pero sí muchas maridas. Muchísimas.
4. No hay dos sin tres, y en este caso tenemos a las señoras que esperan que sus maridos no sea "maridos" y tienen pesadillas con los hombres acordeón...
5. Eso Freud lo tendría clarísimo: son señoras que tienen miedo a convertirse en maridas acordeones. Yo no.
lunes, 14 de febrero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
Una nota
Ella se acercó y le dejó un papel doblado sobre la mesa. Acompañó la acción con un gesto que él no estaba seguro de haber entendido.Él, rápidamente, guardó el papel debajo del teclado. Cuando se convenció de que nadie miraba y de que ella estaba lejos, extendió la mano y deslizó la nota hasta el filo de la mesa. De ahí la llevo a su otra mano hasta encerrarla en el puño.
Veinte pasos hacia el frente, cinco hacia la izquierda, una puerta y un pestillo después desdobló la nota, que decía:
"No escribo sobre ti porque nunca me enseñaste las palabras para hacerlo"
Y con cuidado dobló el papel y lo guardó en el bolsillo del vaquero.
Orden en la sala
Vamos a replantearnos las cosas. Pensar en qué estamos haciendo. Adónde vamos. Y si estamos dispuestos a esperar más. A aguantar más.
Si merece la pena no poder planear. Si es lógico que nos planteemos de buena gana seguir con esta condición tercermundista cuando lo de ahora se acabe.
Si esta vida, esta dirección, cierra una puerta que queremos abrir cuanto antes: Nuestra puerta.
Valoremos si esto se está convirtiendo en el sueño de ganar un Oscar. Porque suena raro, pero es lo que hay.
Si merece la pena no poder planear. Si es lógico que nos planteemos de buena gana seguir con esta condición tercermundista cuando lo de ahora se acabe.
Si esta vida, esta dirección, cierra una puerta que queremos abrir cuanto antes: Nuestra puerta.
Valoremos si esto se está convirtiendo en el sueño de ganar un Oscar. Porque suena raro, pero es lo que hay.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Espejismos
Asiste a ese mágico truco por el que el vínculo con su gemela de aluminio se rompe. Por mucho que baile con ella o atropelle su voz con las mismas palabras que lee en sus labios, de tanto mirarla, la guapa de enfrente acaba convirtiéndose en un ser bidimensional encerrado en un marco.
El espejo ya no reflecta, proyecta. Entonces es cuando busca a los suyos desde la objetividad. Mira fijamente, con los ojos chinos, alternádolos con muecas que le pide la morena que entrecierra los párpados.
Finalmente, invoca a sus predecesores gesticulando. Ahí está su madre, con una sonrisa de oreja a oreja que hace que sus mofletes le roben hueco a sus ojos. Arrugando y estirando la nariz se encuentra con su padre. Y centrando la vista, su abuela la contempla.
El espejo ya no reflecta, proyecta. Entonces es cuando busca a los suyos desde la objetividad. Mira fijamente, con los ojos chinos, alternádolos con muecas que le pide la morena que entrecierra los párpados.
Finalmente, invoca a sus predecesores gesticulando. Ahí está su madre, con una sonrisa de oreja a oreja que hace que sus mofletes le roben hueco a sus ojos. Arrugando y estirando la nariz se encuentra con su padre. Y centrando la vista, su abuela la contempla.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Dolor, dolor
Llega un momento en que recibes una hostia en toda regla. Una hostia que no es física, pero que duele como tal porque tu cuerpo se destempla, tiembla y se quema por ella. Es una patada en la riñonada que amaga sangre en la boca, pero que ni te provoca derrames ni se plasma en un cardenal.
Y tiene réplicas que no por pasar el tiempo disminuyen en intensidad. Aparecen con cualquier excusa. Entonces, vuelves a recordar lo que significa esa ausencia y ese "nunca más". Para moderarlo, el tiempo es un pequeño alivio. Pero para lo que no lo es, es para paliar el recuerdo del momento en el que todo cambia. Puede que no recuerdes muchos detalles, pero ese dolor... Ese dolor es inolvidable y se manifiesta como la primera vez. La misma hostia. Una y otra vez. Imborrable. Incurable.
Y tiene réplicas que no por pasar el tiempo disminuyen en intensidad. Aparecen con cualquier excusa. Entonces, vuelves a recordar lo que significa esa ausencia y ese "nunca más". Para moderarlo, el tiempo es un pequeño alivio. Pero para lo que no lo es, es para paliar el recuerdo del momento en el que todo cambia. Puede que no recuerdes muchos detalles, pero ese dolor... Ese dolor es inolvidable y se manifiesta como la primera vez. La misma hostia. Una y otra vez. Imborrable. Incurable.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Justificando mi ombligo
Soy una pshycokiller de la red, de esas que un día se levantan y deciden cargarse sus cuentas de correo electrónico, redes sociales y blogs... Lo hago sin premeditación para que los cargos no sean mayores.
Lo último que me he cargado es mi blog de deportes. Bueno, técnicamente lo he dejado en standby, por si "me revuelvo". Nunca se sabe; este blog De vuelta de nunca jamás, estuvo inactivo dos años. Y me había acompañado durante tres que tienen como resultado un "blogmixdown" que en ocasiones me sonroja -pocas, ¿eh?-, aunque sobre todo devuelve imágenes a mi cabecita loca. Con veinte no tienes filtro y el blog se convierte en una mezcla que ríete tú del los recopilatorios de las gasolineras: declaraciones de amor, de odio, comentarios sobre deporte, política, felicitaciones de cumpleaños, etc.
Este año lo recuperé, le quité el "de Nunca Jamás" -ahora estoy de vuelta de casi todo- y con un breve post expliqué que retomaba. Ya no parece tanto un diario de una adolescente tardía, pero sí hay mucho ombliguismo. Ombliguismo antropológico: observar actitudes y sensaciones para después plasmarlas. Muy Twitter.
Desde esa perspectiva, la de mi ombligo, las cosas son distintas, y desde ahí creo que todos somos soberanos para hablar de lo que más rabia nos da: en mi caso, la vida. De este modo voy colando pensamientos entre el resto de textos. Y amenazan con invadir el blog ¿Razón? miombligo.
Lo último que me he cargado es mi blog de deportes. Bueno, técnicamente lo he dejado en standby, por si "me revuelvo". Nunca se sabe; este blog De vuelta de nunca jamás, estuvo inactivo dos años. Y me había acompañado durante tres que tienen como resultado un "blogmixdown" que en ocasiones me sonroja -pocas, ¿eh?-, aunque sobre todo devuelve imágenes a mi cabecita loca. Con veinte no tienes filtro y el blog se convierte en una mezcla que ríete tú del los recopilatorios de las gasolineras: declaraciones de amor, de odio, comentarios sobre deporte, política, felicitaciones de cumpleaños, etc.
Este año lo recuperé, le quité el "de Nunca Jamás" -ahora estoy de vuelta de casi todo- y con un breve post expliqué que retomaba. Ya no parece tanto un diario de una adolescente tardía, pero sí hay mucho ombliguismo. Ombliguismo antropológico: observar actitudes y sensaciones para después plasmarlas. Muy Twitter.
Desde esa perspectiva, la de mi ombligo, las cosas son distintas, y desde ahí creo que todos somos soberanos para hablar de lo que más rabia nos da: en mi caso, la vida. De este modo voy colando pensamientos entre el resto de textos. Y amenazan con invadir el blog ¿Razón? miombligo.
jueves, 18 de noviembre de 2010
¿Es bueno o no?
Una vez un segundo me dijo de un tercero que no sabía si era buena persona o no. Lo soltó como quien dice "que sueño tengo", ahí, de tapadillo, en cuclillas. Probablemente sin ninguna intención, seguramente convencido de que caía en saco roto, sin que lo recogiera nadie.
Cómo no, mi cerebro, que es un malpensado, reaccionó al comentario como la coca cola al mentos. El segundo hablaba de un tercero que no conocía precisamente de ayer. Efervescencia pura en mi cráneo.
Desde entonces sospecho. Y me cercioro. Un paso más, me confirmo. No por la estima al segundo, no. Es esa duda -¿es bueno o no?- tan extraña. Esa interrogación desubicada.
Es la pregunta que tiene la respuesta más evidente de todas.
Cómo no, mi cerebro, que es un malpensado, reaccionó al comentario como la coca cola al mentos. El segundo hablaba de un tercero que no conocía precisamente de ayer. Efervescencia pura en mi cráneo.
Desde entonces sospecho. Y me cercioro. Un paso más, me confirmo. No por la estima al segundo, no. Es esa duda -¿es bueno o no?- tan extraña. Esa interrogación desubicada.
Es la pregunta que tiene la respuesta más evidente de todas.
martes, 2 de noviembre de 2010
Las cicatrices

Cada movimiento que hacemos se transforma en una marca en nuestro cuerpo. De vez en cuando esos gestos acaban en cicatrices y aunque a primera vista no se ven, se intuyen si consigues acercarte lo suficiente cuando su portador baja la guardia. Las manos palpan el recorrido cutáneo y encuentran un relieve, un disparo a quemarropa, una puñalada autoinfligida. Heridas cosidas con hilo grueso, en caliente y sin anestesia.
Estas cicatrices no son condecoraciones y sangran cuando se encuentran con dos ojos inquisidores que no saben si acertar los motivos o volverse ciegos.
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